MAD
Vivienda social, México

Alcance EDAA: diseño
Área de construcción: 48-138 m2 (517- 1485 sqft)
Equipo de diseño: Luis Arturo García en colaboración con Juvencio Núñez
Consultores: Jorge García (ingeniería estructural), Andrés Sosa (ingeniería de costos)
Cliente: CONAFOR (Comisión Nacional Forestal)

Materializar una casa de superficie y economía mínimas en el medio rural mexicano no es pensar en un contenedor o refugio habitable . Una casa dentro de éste escenario debe existir con un fino equilibrio entre los valores tradicionales y los contemporáneos. Debe ser pensada dentro de un marco económico posible utilizando las ventajas de la industrialización, sin transgredir la relación del hombre con su mundo: su idiosincrasia y la naturaleza.

La propuesta no es un refugio. Tampoco un módulo o unidad básica habitable. Es una vivienda, una casa en todo lo que su terminología comprende, un hogar. Es un espacio que se desdobla hasta fusionarse con su entorno y a su vez se pliega en si misma creando su propio microcosmos. Una cabida de completa introversión y reflexión, de cohesión familiar, así como de completa organicidad hacia su entorno. La propuesta habla de transparencia e intimidad. De permanencia, trascendencia e identidad.

“La arquitectura no puede existir sin el significado. Por tanto para poder significar también debe olvidar. Pero más importante que eso, para significar debe trascender a la única relación que la arquitectura posee entre la iconicidad y la instrumentalidad. El lenguaje arquitectónico siempre ha de trascender al hecho de que un edificio, una construcción siempre significará algo a parte del hecho de ser un edificio. Por lo tanto para escribir la arquitectura, un edificio debe primero intentar trascender a borrar la presencia de su instrumentalidad. Como debe intentar borrar la memoria de su condición adquirida de parecerse a algo.”                                       Jaques Derrida

El acercamiento conceptual de la propuesta parte de dos esquemas básicos que generan un espacio habitable: la cubierta y el cuarto o pieza cuasi cúbica cerrada en su totalidad por muros. Siendo la primera un esquema de ocupación territorial elemental empleado sobre todo en áreas de clima tropical y templado, en donde las funciones a desarrollar debajo del área cubierta no tienen la necesidad de desligarse de su entorno inmediato. La segunda es un esquema que obedece a la lógica de un refugio que protege al ser humano de cualquier inclemencia medio ambiental. Son dos esquemas casi contrarios en su concepción, la palapa contra la habitación, el pórtico contra el salón. El concepto fusiona ambos esquemas creando una dicotomía del espacio; espacios cerrados para las funciones más privadas (habitaciones y servicios) y un espacio único, continuo y flexible, abierto en el sentido literal y figurativo. En el sentido formal y constructivo, se trata de dos grandes pies o columnas cerradas, dos grandes cuartos separados que cargan una gran cubierta autoportante y ligera. El espacio resultante es el de un gran pórtico abierto hacia ambos lados.

El lenguaje formal empleado se inspira en la vivienda vernácula; una construcción mínima en cuanto a su empleo en recursos materiales en donde sus funciones son maximizadas, pretende identificar a sus habitantes con su entorno y a la vez protegerlo de éste. El volumen no es la reinterpretación de una cabaña o vivienda con techumbre a dos aguas, es su sofisticación en términos de espacialidad, tectónica y crecimientos.

Se desdibujan los límites interior-exterior. La vida del campo, la relación de los habitantes del medio rural con su entorno, es reinterpretada como espacio y llevada al interior del hogar para posteriormente devolverla a su medio. El pórtico lleva ahora la lectura del espacio familiar, comunitario y natural.

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